La culpa materna

Nace una madre y nace una culpa.

A veces es tan difícil convertirse en madre, hay tantas variables que considerar, tantos otros que cambian o nosotras cambiamos tanto que los otros dejar de ser lo que eran para nosotras.

Desde que estamos embarazadas, casi toda la responsabilidad del hijo recae sobre nosotras, sobre todo si algo malo le pasa, seguro es nuestra culpa, algo que hicimos, seguro!. Luego nace y nos culpamos si es que no lo tenemos en brazo lo suficiente o si es mucho, si es que le damos lactancia y nos cansamos o si es que le damos relleno, si escuchamos o no al resto, todas las opiniones que no son solicitadas.



La raíz de la culpa está en las expectativas poco realistas y puestas solo en la madre de muchas cosas que tienen que ver con los hijos. Tiene que ver con la gran carga mental y emocional que tenemos las mamás. Mucho hay de la desconexión que desarrollamos las madres con nuestras propias necesidades en pos de las necesidades de otros.

Desde el lado de la supervivencia, la culpa es una promotora del “hacerlo mejor la próxima vez”, pero desde una visión más actual, y en la sociedad castigadora que vivimos, se trasforma en algo más limitante.

El concepto psicológico que sí me hace mucho sentido, es el de la “madre suficientemente buena” del pediatra y psicoanalista Donald Winnicott, es decir, que hace lo mejor que puede, satisfaciendo las necesidades básicas de su hijo, dentro de sus condiciones, limitaciones y cansancio. Ser suficientemente buena, está bien! Eso permite que un niño se desarrolle de manera segura y feliz. No hay que ser “perfecta”, en la perfección solo se encuentran más límites y más culpa. Y, ¿realmente existe la “perfección”?, lo que es perfecto para uno, no lo es para el otro.

La ambivalencia materna es otro punto que nos hace vivir en la culpa, las madres amamos a nuestros hijos, pero a ratos queremos NO verlos, que no nos exijan tanto, dormir solas y tranquilas, queremos estar solas; y porque no decirlo, a ratos los odiamos. Pero, ¿eso significa que somos malas madres? O ¿significa que somos madres? Las madres, así como todos los seres humanos, vivimos en la ambivalencia, pero la ambivalencia materna a veces duele. La sensación de no querer ver al ser que trajimos al mundo, genera mucha molestia psíquica y claramente: CULPA.



Por como vemos, la culpa nos acompaña en varias etapas de la vida materna, pero, ¿cómo hacemos frente? Hay harto trabajo personal que hacer, pero algunos tips son:

  • Ser conscientes que una madre feliz es capaz de hacer un hijo feliz, y para ello, necesitamos conectarnos y permitirnos hacer lo que nosotras queremos (¿qué nos hace feliz?)
  • No somos las únicas capaces de cubrir y satisfacer las necesidades de nuestros hijos: aprender a pedir y recibir ayuda de otros (y confiar).
  • Repetirnos: lo estás haciendo bien! Haces lo mejor que puedes! Te mereces un descanso/regaloneo/junta con amigas/etc.
  • Ser conscientes de la culpa, aceptarla y darle su lugar: es quien me ayuda a ser mejor, pero no me controla. Los sentimientos o sensaciones no se minimizan, se acogen, se abrazan y así mismo es como dejan de generar molestia psíquica.
  • Dejar de mirar a la otra, de compararse; es clave: “yo soy la madre que quiero y puedo ser, y soy la madre que mi hijo necesita”.
  • Bajar las expectativas o acotar los planes: no esperar hacer demasiado, porque solo nos generará más decepción o culpa. Ser más realista, nos ayudará a cumplir con lo propuesto.
  • Y si te está costando mucho lidiar con la culpa: pide ayuda profesional.

Bárbara Wiedman
Mamá de dos
Psicóloga Clínica Perinatal
Facilitadora Círculos de Mujeres
Instructora Kangatraining
@comercriaraamar