Necesidades de un recién nacido

Un recién nacido, al llegar al mundo, ni se ha enterado que es un ser individual, se sigue entendiendo como una extensión de su madre, sobre todo en términos emocionales. Es por esto que cuando una madre está feliz, probablemente su hijo lo esté.

Son seres absolutamente dependientes de su madre o su cuidador. Es aquí donde se activa el instinto de madre, que en realidad va asociado al instinto de protección, cuidado y supervivencia. Todo, para dar respuesta a sus requerimientos básicos, de alimentación, sueño, limpieza, cuidado, y los más olvidados hoy en día, el amor y el contacto.

El contacto y el amor, se relacionan con el apego (no son lo mismo) y de alguna manera, cuan disponibles estemos a resolver las necesidades de nuestros hijos, generará una diferencia enorme en la manera en el cómo se desenvuelvan en el mundo.



A mayor disponibilidad para atender sus necesidades, mayor seguridad, autoestima e independencia. ¿Y en la práctica cómo se lleva a cabo? Si un recién nacido llora, es por que algo le pasa, y frente a esto, estar para ellos, no dejarlos llorar, acunarlos, intentar resolver su molestia; eso ya es una respuesta válida.

Si lo vemos desde una mirada simple, cuándo a nosotros nos pasa algo, ¿qué queremos?, que nuestra pareja nos ignore o que intente ayudarnos a resolverlo o al menos que nos acompañe en el dolor?



Carlos Gonzalez, pediatra español y escritor, nos dice: "Yo no dejaría jamás llorar a mi hijo. Ni a mi esposa, ni a mis padres ni a mis amigos. Cuando una persona a la que quiero llora, voy a ver qué le pasa e intento consolarla."

Hay que imaginarse que ellos vienen de un contexto donde todas sus necesidades estaban resueltas, estaban todo el día con su mamá, bien contenidos, a la temperatura perfecta, tenían alimentación cuándo lo necesitaban y dormían cuando lo requerían.

Luego salen al exterior y deben aprender a resolver muchísimas cosas. Qué mejor que poder acompañarlos de la mejor manera y para esto, hay que confiar en el recién nacido y en la madre.

En este periodo, sobre todo en el caso de la madre primeriza, llegarán muchísimos a opinar, desde el amor, pero, por la complejidad del periodo, la mayoría de los comentarios o sugerencias, generarán molestia psíquica en la madre, quien está intentando conocer a su hijo.

Una madre es quien más conoce a su hijo, y quien más sabe lo que necesita. Por lo que, hay que permitirles encontrarse y aprender el uno del otro, sin mayores interrupciones. La mejor ayuda en esta época es: hacerse cargo de los quehaceres del hogar y ofrecer brazos cuando sean necesarios, pero NUNCA quitarle el recién nacido de los brazos de la madre. El estrés que produce la separación, en el recién nacido y en la madre, es inconmensurable.

El recién nacido solo puede conocer el mundo desde su lugar seguro, y ese es el cuerpo de la madre.

El cuerpo de la madre es el hábitat natural del recién nacido y mantenerse en contacto con él permite una buena regulación de la temperatura corporal, del ritmo cardiaco, de la respiración y una sintonización de la frecuencia cerebral del bebé con la de la madre (Bergman, 2005).



De hecho, Nils Bergman, neonatólogo, especialista en neurociencia perinatal, incluso llega a asegurar, que un recién nacido que no recibe contacto físico, puede morir. "Lo normal en la especie humana es hacer caso de nuestro bebé: cuando llora, cogerlo en brazos; si se despierta, consolarlo…” (Carlos González).

En Chile, sin ir más lejos, el año 2014 la revista Paula hizo un reportaje que causó revuelo, llamado: “Las guaguas están muy solas”; dónde un médico relata su travesía para abrazar más guaguas abandonadas en hospitales.

Según el médico, la soledad que experimenta una guagua abandonada, a la que nadie toca ni arrulla en sus primeros meses de vida, tendría un impacto muy severo en su desarrollo síquico futuro: desde gatillar una depresión o un trastorno de personalidad hasta cuadros de autismo o comportamientos delictuales (Revista Paula, “Las guaguas están muy solas”, 2014).

Desde aquí que se hace tan relevante el conectar con las necesidades de nuestros hijos, ya que es el mejor legado que les podemos entregar. Dar respuesta a sus necesidades y conectar con ellas, también les enseñará en el futuro a conectar con las suyas y saber escoger lo que los haga felices.


Bárbara Wiedman
Mamá de dos
Psicóloga Clínica Perinatal
Facilitadora Círculos de Mujeres
Instructora Kangatraining
@comercriaraamar